¡Vete!, le dice al Maestro al discípulo
“¿Por qué…por qué…por qué…?”
Preguntó el discípulo cuando, para su sorpresa, el Maestro le insistió en que abandonara el monasterio en el acto, apenas veinticuatro horas después de haber ingresado en el mismo.
“Porque no necesitas un Maestro. Yo puedo mostrarte el camino, pero solo tú puedes recorrerlo.
Yo puedo indicar dónde está el agua, pero solo tú puedes beberla. ¿Por qué malgastas aquí tu tiempo mirándome bobaliconamente?
Ya conoces el camino. ¡Camina!
Ya sabes dónde está el agua. ¡Bebe!”







